Felipe Duhart: “La música es comunidad, no es individualista”

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Felipe Duhart: “La música es comunidad, no es individualista”

Uno de los nombres actuales de la escena jazzística es el guitarrista Felipe Duhart que por estos días presenta su disco Huerquehue. De su interés en diversos sonidos y estilos musicales, llegó a la guitarra tocando temas de los Beatles, Jimi Hendrix para luego tomar clases de guitarra eléctrica con Mauricio Padilla, músico que como profe le influenció en el jazz y rock fusión.

Nombra a Víctor Jara, Inti Illimani, Los Jaivas y Congreso, como los principales referentes nacionales en sus inicios musicales y a Scott Henderson, John McLaughlin y Pat Metheny como ejemplos de guitarristas que le abrieron los oídos. Y a raíz de las biografías que le gusta leer, también nos cuenta un capítulo muy importante de su vida en el que pudo ver a Dizzy Gillespie en el contexto de un encuentro con la comunidad bahá’í en Chile.

Conoce a Felipe Duhart en esta entrevista de Animales en la Vía con motivo de su concierto de lanzamiento el próximo 25 de agosto. EVENTO

Por Gabriela Álvarez / Foto: Gonzalo Farías

¿Cuáles dirías que son tus inicios en la música?

Me acuerdo de escuchar música muy diversa desde niño, como Los Beatles, musicales de Andrew Lloyd Webber, rock ochentero, etc. Estudié 3 años en la Escuela Moderna, donde aprendí mucho de armonía, teoría musical y apreciación de varios estilos, como la raíz latinoamericana. Después quería concentrarme más en el jazz, y me salí de la escuela para estudiar con Jorge Díaz. Fue un período de formación importante, para entender el lenguaje, escuchar mucha música, abrir los oídos, expandir. Más tarde convalidé esos años y saqué mi licenciatura en música en la Arcis, cerrando el proceso de estudios formales. De ahí he seguido estudiando solo, transcribiendo, escuchando mucha música. El 2015 me gané un fondart para hacer una pasantía de 4 meses en Nueva York con Mike Moreno, que a nivel mundial está en el top 5.

¿Y cuál es el momento en que empiezas a componer?

Para tocar jazz hay que escuchar mucha música, muchos jazzistas, instrumentos, épocas, discos… Después de que estuve estudiando con Jorge empecé un proceso en el cual me puse a componer en ese estilo, tocar con amigos, ir a jam sessions, y de empezar a moverse en el circuito. Hacer amistades musicales es súper importante no solo en el proceso de formación. Son amigos músicos con los que se encuentra una afinidad, con los que uno compone, escucha, prueba música, estudia, hace pegas. Es el caso de todos, y uno siempre tiene que estar con esa sed, de generar eso con otros músicos. Cuando lees sobre la vida de jazzistas famosos, todos dicen “yo nunca he dejado de tocar con quienes admiro”. Eso muestra que se trata de un camino de crecer junto con otros, formando alianzas y entendimientos con distinta gente. Hay una conexión, y a veces eso se encuentra con personas muy distintas siendo una oportunidad para aprender cosas nuevas. La música es comunidad, no es individualista.

¿En qué momento empiezas a dar forma a tu proyecto como Felipe Duhart?

Pasó por distintos formatos, donde probé muchas composiciones. Así surgió mi proyecto actual como un cuarteto, con Lautaro Quevedo, Milton Russell y Gustavo Díaz. Luego conocí a Rob Haight y ahí se empezó a materializar el quinteto. Al incorporarse, con el saxo y la guitarra, empezaron a surgir nuevas composiciones contemplando las dos voces melódicas principales.

Mi primer disco solista es un hito personal que me da mucha alegría, y siento que es el primero de muchos. Este disco muestra, en términos de estilo, un jazz contemporáneo pero con composiciones que rescatan también ritmos ternarios y sonoridades de raíz latinoamericana, como una chacarera (Alma), un tema con aires de festejo, y melodías que evocan lo que viene de aquí, de Chile y Sudamérica. Y eso fue algo súper natural, no fueron composiciones planificadas.

¿Por qué Huerquehue?

Es por una composición del disco que se llama así, que tiene su origen en el Parque Nacional Huerquehue al que una vez fui un verano. Huerquehue además significa “lugar de mensajeros”, y me inspiró para componer algo. Sentí que ese era el nombre del disco pues esa composición refleja hartas cosas que naturalmente busco transmitir en una composición o melodía. Para mí, ojalá la música refleje cierta belleza, y en esa composición es algo que yo traté de buscar, emulando la belleza de la naturaleza.

Por otra parte, grabar un disco es un proceso de aprendizaje, intenso, y nunca va a ser perfecto como uno imaginaría, y yo creo que está bien porque es lo que uno quiere decir en un determinado momento. En este caso, el disco reúne distintos momentos de mi vida como músico, de experimentar, de conocerse con distintas personas a lo largo de unos 5 años, y entonces el próximo disco va a ser mucho más actual. Lo bacán de grabar un disco es que te da muchas ideas para grabar un próximo.

¿Te sientes parte de una generación de músicos?

En comparación con las generaciones más jóvenes hay una primera diferencia que es el acceso a la música y más información. Las oportunidades para aprender y escuchar son muchas más. Cuando yo estaba en el colegio era de estar copiando VHS, DVD y discos, pero cuando estaba en la U ya estaba YouTube. Ahora mucha más gente ha subido videos antiguos, de leyendas del jazz, y eso permite avanzar mucho más rápido en varios aspectos. Eso es una gran ventaja que permite a los músicos jóvenes avanzar y conocer. Pero yo creo que siempre ha sido igual. Alguien de una generación mayor va a sentir lo mismo. Tocar con músicos mayores siempre ha sido una buena experiencia de aprendizaje, respeto mutuo, y mi generación es de una gran apertura y siento que queremos compartir mucho más, y un deseo de generar comunidad, de apoyarse, hacer sesiones, juntarse a tocar.

En otros lugares donde hay escenas jazzísticas bien vibrantes, cada uno tiene que desarrollarse profesionalmente y estar feliz cuando tus colegas crecen también. Ese es el ideal y ojalá en Chile podamos ir construyendo esa visión y aportando para eso. En el medio musical si todos avanzamos, todos crecemos. Por lo menos tengo yo esa convicción.

¿Qué percepción tienes de los espacios que existen actualmente para el jazz?

Es verdad que nuestra industria y medio no cuenta con tantos lugares o público, pero también yo creo que consigue funcionar si un local construye una identidad y tiene música de calidad. Obviamente tiene que ser bien administrado, y muchas cosas entran en juego, desde dónde está ubicado, si puede tener música en vivo o no, contar con los permisos. Ojalá hubiese más oportunidades para los locales pues mi sensación es que no es tan fácil, entonces ¿cómo promueves la música en vivo si es que no hay facilidades para que eso suceda?

¿Ha habido algún momento en que te ha complicado ser músico?

No, nunca he tenido una crisis existencial como para no querer hacer esto. Como músico es natural pasar por momentos que te generan más convicción o no estás tocando tanto como quisieras, o desmotivado. Hay que aprovechar cuando uno es joven de escuchar mucha música diversa, transcribir, trabajar mucho el instrumento, porque puedes dedicar más intensidad de tiempo a algunas cosas. Después es distinto. Yo ahora tengo un hijo, estoy casado, uno empieza a tener otras responsabilidades y hay menos tiempo para estudiar. Creo que en este momento mi enfoque principal es tratar de impulsar mi música, creando, estar tocando en vivo lo más posible. También me gusta producir música, tengo un home studio, me gusta grabar, también he mezclado discos para otras personas, esa parte la encuentro interesante.

¿Hay algún proyecto del último tiempo que te haya gustado harto?

Mmm, pienso en uno de Agustín Moya, un disco del Seba Prado, de Claudio Rubio… En general encuentro que está buena la música que se está haciendo. Da gusto que se esté tocando música original, que se la estén jugando por componer, porque se va desarrollando una identidad de nosotros acá, de cómo suena el jazz en Chile.

Como te gusta leer biografías de músicos ¿Alguna recomendación de tus lecturas?

Estoy leyendo la biografía de Dizzy Gillespie (To be or not to bop) , a quien tuve la suerte de ver cuando vino a Chile en los años 90 a tocar con su United Nations Orchestra y luego se reunió con la comunidad bahá’í, fe a la que él pertenecía al igual que yo. Yo era un niño pequeño y estaba en primera fila sentado mirándolo tocar y eso me marcó. Me impresionó mucho. Tenía una personalidad magnética, y su música también. Nunca había visto un trompetista de jazz tocar y fue increíble escuchar ese instrumento.

También me impresionó mucho después escuchar discos de otros como Freddy Hubbard, Clifford Brown, Clark Terry, Miles…  A esa edad yo no conocía tanto, y ver a Dizzy, que es estar directamente ante una leyenda… Es fascinante conocer de sus vidas, y de la época. Porque en su libro él cuenta de otros grandes músicos, el contexto social, la escena. No es sólo música, está todo en un contexto histórico y que es interesante ver dónde se originó esta música.

Hay una dimensión espiritual, del alma, así lo veo yo. Es muy profundo. La perspectiva bahá’í de la música es que es super poderosa y que tiene esa capacidad de elevar el espíritu, y también de tirarte para abajo. Puede degradar al ser humano como puede elevarlo. Ojalá para mí el objetivo es elevar.

 

Puedes encontrar su disco “Huerquehue” Aqui

 

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